2 noviembre 1658
Durante los ejercicios que estaba haciendo el padre Vicente en el año de 1658, se vio obligado a hablar con el señor Loger, nuestro procurador en el parlamento; entre otras cosas de que hablaron, después de haberle explicado el asunto para el que le había enviado a buscar, referente a la casa de San Lázaro, le dijo algunas palabras sobre su estado y vocación de procurador, asegurándole que podía muy bien conseguir la salvación en su condición de procurador, lo mismo que un capuchino en la suya; puesto que, según dijo, quien resiste al orden resiste a Dios, y el que guarda y observa el orden se une con Dios. La justicia ha sido establecida por Dios; y como él es invisible, ha colocado aquí en la tierra a personas visibles para que hagan justicia con todos; y entre esas personas que han sido puestas por Dios para eso, las hay de diversas categorías, unos solamente para juzgar, otros para ayudar, para disponer y aclarar las cosas que se presentan para juzgar, como hacen los abogados y los procuradores en los asuntos que se llevan al tribunal.
Dios le ha puesto en ese cargo, por orden de su providencia. Si en el ejercicio del mismo se porta usted según Dios y de la manera que él desea, es seguro que al final conseguirá usted la salvación. Porque, fíjese bien, un procurador en su condición de tal puede perfectamente conseguir su salvación, si se porta bien, de la misma manera que un capuchino la suya, aunque con la diferencia que el capuchino tiene muchos más medios para cumplir bien con su misión, esto es, aquello a lo que le obliga su profesión de capuchino, mejor que un abogado o un procurador, debido a la gran confusión de cosas con que se encuentra en su cargo y las ocasiones peligrosas que se dan en el mundo en donde se ve obligado a vivir. Fíjese en el señor Desbordes; es un auditor de hacienda, que está viudo; es una persona distinguida, vizconde de Soudé. A esa persona Dios la ama mucho más de cuanto yo podría decirle, y con un amor sensible. Es además un hombre que tiene una gracia maravillosa para arreglar las diferencias. Sé muy bien que el estado de capuchino es más perfecto que el de seglar; sin embargo, el seglar, aunque su estado no sea tan perfecto como el del capuchino, puede llegar a tan alto grado de virtud y perfección respecto a su estado de seglar y su vocación de procurador, como el que tiene el capuchino respecto a su profesión de capuchino.







