Vicente de Paúl, Documento 058: Dedicación Del Manuscrito «Diez Meditaciones» De Luis Machon

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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15 abril 1645

Al padre Vicente, superior general de los sacerdotes de la Misión.

Padre:

He aquí una parte de los despojos que de usted he recibido para enriquecerme más sin empobrecer a nadie. Mi conducta sería ingrata y reprobable si, después de haber recibido tantos consuelos y favores, me marchara tan satisfecho sin demostrarle la obligación que siento con usted. Su virtud es bien conocida; pero todos los que hablan de ella no hacen más que balbucear, sin poder expresar ni de muy lejos todo lo que hayan podido ver y admirar personalmente en usted. Su celo en el altar, su caridad para con todos, su modestia perfecta, su ecuanimidad en todo tiempo y su humildad en todas sus acciones me han convencido más que todos los libros que he leído y todos los predicadores que he escuchado. Si los ángeles se hicieran hombres, seguramente vivirían como usted, y si hay santos en esta vida, ciertamente están hechos como usted. No pretendo adularle, padre, sino decir lo que he visto y, si mis ojos no fueran testigos de lo que afirmo, sería el primero en retractarme. Dios le reservaba a usted, no ya para reformar a su iglesia, sino para dar a conocer a sus ministros la grandeza de su carácter y la pureza con que están obligados a cumplir con él. Es usted admirable en su forma de cambiar a los hombres sin introducir ninguna novedad. Un retiro de diez días convierte en un ejemplo de santidad al que antes escandalizaba a todos. Al lado de usted se vence el vicio con más gozo y satisfacción que el que se obtiene en los lugares donde son más poderosos sus atractivos y sus encantos. Y creo que le resulta a usted más fácil hacer bueno a un hombre que a los libertinos conservar en su amistad a los que alguna vez le han escuchado. La virtud es tan hermosa en manos de usted que parece haberle escogido para darse a conocer por los ojos del cuerpo; y cuando uno le mira a usted, sólo puede amar lo que a usted le ha hecho tan venerable y digno de aprecio. Más me gustaría verme privado del poco bien que me queda que de los preciosos frutos que he recogido en su retiro; y si Dios me da la gracia de conservarme en la inocencia que me parece he recobrado, habrá puesto usted en el grupo de las personas más felices a este su humilde y obediente servidor,

MACHON

En su casa de San Lázaro, 15 de abril de 1645.

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