Memoria según la cual se propone vivir la compañía de eclesiásticos de París, con la ayuda de Dios y con el beneplácito del señor arzobispo, para conservarse en la disposición que Dios les quiso dar durante los ejercicios espirituales que hicieron para disponerse a la recepción de las órdenes sagradas.
1. La compañía de señores eclesiásticos que se reúnen todos los martes en San Lázaro o en el seminario de la congregación de la Misión I tiene como fin honrar la vida de nuestro señor Jesucristo, su sacerdocio eterno, su santa familia y su amor a los pobres. Por eso cada uno de ellos procurará conformar su vida con la de Cristo, procurar la gloria de Dios en el estado eclesiástico, en su familia y entre los pobres, incluso entre los del campo, según sus ocupaciones y los talentos que Dios le haya dado.
2. Estará compuesta solamente de eclesiásticos promovidos a las sagradas órdenes, que serán admitidos después de un examen suficiente de sus costumbres.
3. Los que deseen ser admitidos en dicha compañía harán el retiro espiritual en San Lázaro cuando puedan, y una confesión general de su vida pasada; si ya lo han hecho otras veces, harán sólo una confesión general del tiempo trascurrido desde la última.
4. Los de la compañía se confesarán al menos una vez por semana y, siempre que les sea posible, con el mismo confesor.
5. Los sacerdotes celebrarán la santa misa todos los días, siempre que puedan hacerlo con comodidad, y los demás comulgarán todos los domingos y fiestas principales del año; tanto los unos como los otros procurarán hacer un retiro espiritual todos los años.
6. A fin de vincularse más delante de Dios con nuestro señor obispo y con el cuerpo de la compañía, todos harán un ofrecimiento, a manera de propósito, todos los años, el día del Jueves santo, renovando las promesas que hicieron a Dios en el día de su santo bautismo, la de obediencia que hicieron a su prelado el día de las órdenes y el propósito de morir en la compañía y observar su reglamento.
He aquí poco más o menos cómo puede hacerse este ofrecimiento:
¡Viva Jesús! ¡Viva María! Salvador del mundo, Jesucristo, yo… te escojo hoy como único modelo de mi vida y te ofrezco el propósito irrevocable de vivir según las promesas que hice en el santo bautismo y el día en que recibí las sagradas órdenes y me propongo observar el reglamento de la compañía de eclesiásticos y vivir y morir en ella, con tu santa gracia, que solicito por la intercesión de tu santa Madre y de san Pedro.
7. Se imaginarán que nuestro Señor los ha unido estrechamente a todos con el nuevo vínculo de su amor; por eso se amarán mutuamente, se visitarán, se consolarán unos a otros en sus aflicciones y enfermedades y asistirán al entierro de los que fallecieren; cada uno de los sacerdotes celebrará tres misas, si puede, en sufragio del alma del difunto, y los demás comulgarán una vez por su intención.
8. Se levantarán temprano y, después de vestirse, harán oración mental durante media hora por lo menos, rezarán Prima, Tercia, Sexta y Nona, y celebrarán luego la santa misa o la oirán cuando tengan oportunidad de hacerlo.
9. Leerán todas las mañanas un capítulo del nuevo testamento de rodillas, con la cabeza descubierta, y harán antes o después estos tres actos: 1 adorar las verdades contenidas en lo que se lea; 2 entrar en los sentimientos de estas verdades; 3 proponerse la práctica de lo que allí se enseñe. Luego harán una lectura conveniente a su condición. Leerán también algún libro espiritual adecuado a sus necesidades.
10. Antes de la comida y de la cena harán el examen particular sobre alguno de sus principales defectos o sobre la virtud que les sea más necesaria. Este examen durará el espacio de dos misereres, poco más o menos; tomarán luego su comida con modestia y templanza, sin olvidarse antes y después de las oraciones habituales.
11. Por la noche harán todos los días el examen general y leerán los puntos de la meditación del día siguiente, antes de acostarse.
12. Todos se reunirán los martes en San Lázaro o en el seminario indicado, a las tres de la tarde desde el día de Todos los Santos hasta Pascua, y a las tres y media desde Pascua hasta Todos los Santos, si no hay causa legítima que lo impida, y de la que pasarán aviso al prefecto o a algún otro de la compañía, o se excusarán en la reunión siguiente.
Empezará la conferencia por la invocación del Espíritu santo, rezando el himno Veni Creator, con el versículo y la oración; se tratará luego de alguna virtud propia de los eclesiásticos, cuyo tema se habrá propuesto en la reunión anterior, y sobre la que cada uno expondrá humilde y sencillamente, de palabra o por escrito, las ideas que Dios le haya dado sobre los motivos de esa virtud, su naturaleza y los medios para practicarla debidamente; acabará la reunión con alguna de las antífonas de la santísima Virgen. Todo se practicará con la debida modestia y sencillez cristiana y eclesiástica. Se cuidará mucho de que no se hable nada que pueda ofender a alguien, contentándose con condenar el vicio y exhortarse mutuamente a la práctica de las virtudes.
13. Cada tres meses, los señores oficiales se reunirán con el director para examinar si se observa el reglamento, quién es el que falta y en qué cosas. Se tratará también de los medios para remediar esos defectos y de todo lo referente a la conservación del espíritu de la compañía y a su progreso en la virtud; se designará a los que sean más indicados para las tareas que se le encarguen a la compañía, como oír las confesiones de los enfermos del hospital, etc., dirigir exhortaciones a los prisioneros, o algunas misiones en la ciudad o en el campo. Lo que allí se decida, se leerá públicamente en la siguiente conferencia y se exhortará a todos a que cumplan con lo que se indique.
14. Los que deseen ir al campo se lo comunicarán a la compañía, si el tiempo se lo permite, o si no, al director o al prefecto, escribiendo de vez en cuando a la compañía sobre el estado de su persona, sobre lo que hayan hecho o sufrido por Dios y sobre los éxitos de su viaje, procurando vivir de una forma tan ejemplar que edifiquen al prójimo. Huirán de las malas compañías y escogerán las buenas, portándose de tal modo que demuestren que son dignos miembros de esta compañía.
15. La citada compañía estará unida a san Lázaro y se reunirá allí, como se ha dicho anteriormente, todos los martes; estará gobernada por un director, por un prefecto y por dos asistentes. El superior de los sacerdotes de la congregación de la Misión será perpetuamente el director y, en su ausencia, un sacerdote de dicha congregación, que será nombrado por él; el director presidirá las reuniones, tendrá voz deliberativa en todo, recogerá los votos y decidirá. No se propondrá, resolverá ni ejecutará nada sin el parecer de dicho director. o de aquel a quién él delegue.
16. El prefecto, así como los demás oficiales, será uno de los miembros de la compañía y asistirá a todas las reuniones, acudiendo de los primeros para tratar con el director de las cosas que haya que proponer. Cuidará de la observancia del reglamento y de hacer que lo guarden los demás. Advertirá, las faltas de todos los eclesiásticos de la compañía y les amonestará, les visitará y hará visitar en sus enfermedades, les hará administrar los sacramentos, asistirá y hará asistir a la compañía al entierro de los que mueran, todo ello de acuerdo con el director.
17. Los asistentes ayudarán con su consejo y sus obras al prefecto y velarán por toda la compañía, la avisarán de los defectos que noten, orientarán a los que se presenten para ser recibidos en dicha compañía, asistirán a todas las reuniones. En ausencia del prefecto, desempeñará sus funciones el primer asistente, y el segundo hará lo mismo en ausencia de los otros dos.
18. Habrá además un secretario que escriba en un registro todas las resoluciones que se tomen, enseñándolo previamente al director o al prefecto en su ausencia en una hoja volante, para ver si está bien redactado lo que se decidió. Escribirá también las cartas de dicha compañía.







