SOBRE LA OBSERVANCIA DE LAS REGLAS
Primer punto: Motivos para observar fielmente las reglas de la Misión.
Es muy importante observar bien nuestras reglas:
1.° Porque es ésa la voluntad de Dios, que se las ha dictado al superior.
2.° Porque es ésa toda nuestra ocupación; sólo tenemos eso que hacer; es el fin que hemos de proponernos, pues no hemos sido llamados a la Misión más que para vivir en ella conformes con nuestras reglas; su observancia, y no el hábito, es lo que nos hace misioneros.
3.° Es ése el medio para mantenernos en nuestra vocación; Dios no permitirá jamás que un hombre, por imperfecto que sea, pierda su vocación, si cumple fielmente con su deber; por el contrario, el mejor camino para perder la vocación es la negligencia en el cumplimiento de las reglas.
4.° Porque somos los primeros, que hemos de dar ejemplo a los que vengan después; si al comienzo fuéramos negligentes en observar las reglas, habría que tener mucho miedo de que poco a poco llegara a arruinarse la compañía.
5.° Porque es imposible adquirir el espíritu de la Misión sin observar las reglas, en donde está contenido y compendiado.
6.° Porque es ése el camino para llegar a la perfección y hacernos santos, y por el que Dios quiere conducirnos a la salvación. Había un papa que no quería más señales de la santidad de un religioso para canonizarle, que la seguridad de que había cumplido exactamente sus reglas.
7.° En fin, porque uno de los mayores consuelos que tendremos en la hora de nuestra muerte será haber observado bien nuestras reglas; si hemos sido fieles a ellas, podemos esperar que Dios nos diga entonces: Euge, serve bone et fidelis, intra in gaudium Domini tui; quia in modico fuisti fidelis super multa te constituam.
Segundo punto: En qué consiste la perfecta observancia de las reglas.
La perfecta observancia de las reglas consiste:
1.° En observarlas todas, sin descuidar ninguna, por pequeña que sea; en todas ellas está la voluntad de Dios; y ése ha de ser nuestro motivo más poderoso.
2.° En ser puntuales, dejando la letra que hemos empezado apenas oigamos sonar la campana.
3.° En hacerlo con espíritu, dirigiendo la intención a la mayor gloria de Dios, y por su amor.
4.° En hacerlo con atención y circunspección.
5.° En acabar las cosas comenzadas, sin dejarlas a medio hacer, a no ser que la obediencia nos mande a otra parte o que nos obligue alguna gran ocasión de caridad.
6.° En hacerlo con prontitud y alegría; hilarem enim datorem diligit Deus.
7.° En cumplirlo todo ciegamente, sin rechistar contra nada.
8.° En observarlas siempre, esto es, durante toda la vida, tanto en la misión, como durante el viaje, o en casa.
Tercer punto: Medios para empezar a practicar bien las reglas.
El primero, estimar mucho las reglas y convencernos profundamente de que está en ellas la voluntad de Dios, sobre nosotros en particular, ya que hemos sido llamados a la Misión para esto.
El segundo, leerlas con frecuencia y examinarse muchas veces de aquellas a las que más faltamos, pidiéndole una penitencia al superior cuando hayamos faltado contra las más notables, e incluso contra las más pequeñas, cuando haya habido mucha negligencia.
El tercero, apreciar mucho nuestra vocación, ya que el que está muy aficionado a ella las observará muy bien, pues sólo ellas son las que nos hacen misioneros.
El cuarto, poner atención en practicarlas cuando falte el superior, lo mismo que cuando está presente; pues de ordinario, cuando más se relaja uno es cuando el superior no nos mira, dado que es tan grande nuestra debilidad.
El quinto, no fijarse en lo que hagan los demás, que a veces no las cumplen como deben, sino en lo que nosotros tenemos que hacer.
El sexto, hacer de vez en cuando el examen particular sobre ellas, y en la oración formar resoluciones firmes de cumplirlas. El sexto, hacer de vez en cuando el examen particular sobre ellas, y en la oración formar resoluciones firmes de cumplirlas.
El séptimo, en el caso de que las cumplamos como es debido, dar gracias a Dios por ello y pedirle con frecuencia que nos conceda la gracia de observarlas siempre.
El octavo, observar bien las prácticas, que son como los antemuros de las reglas.
El noveno, acomodarse a aquellos que cumplen con fidelidad las reglas, para imitarles.
El décimo, que es un medio muy importante, considerar lo que le pasaría a una congregación en la que no se guardasen las reglas. ¡Qué confusión!, etcétera.







