SOBRE LA POBREZA
Uno de sus sacerdotes le hacía ver un día la pobreza de su casa; él le preguntó:
«Padre, ¿qué hace usted, cuando le falta algo de lo necesario para la comunidad? ¿Recurre a Dios?
Sí, a veces, respondió el sacerdote.
Bien, le replicó; eso es lo que hace la pobreza: nos hace pensar en Dios y elevar a él nuestro corazón, mientras que si estuviéramos bien provistos, quizás nos olvidaríamos de Dios. Por eso siento una gran alegría al ver que la pobreza voluntaria y real se practica en todas nuestras casas. Debajo de esa pobreza hay oculta una gracia que no conocemos.
Pero, le replicó el sacerdote, ¿atiende usted a los demás pobres y no piensa en los suyos?
Le ruego a Dios, le dijo el padre Vicente, que le perdone esas palabras; me doy cuenta de que las ha dicho sin pensar; sepa usted que nunca seremos tan ricos como cuando nos parezcamos a nuestro Señor».







