Vicente de Paúl, Conferencia 214: Sobre La Caridad Fraterna

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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«La caridad fraterna es una señal de predestinación, ya que por ella es como se reconoce al verdadero discípulo de Jesucristo«.

Y un día, en la fiesta de san Juan evangelista, exhortando a los suyos a amarse mutuamente con las palabras de aquel apóstol: Filioli, diligite alterutrum, dijo: «La congregación de la Misión durará mientras reine en ella la caridad».

Y les decía también: «La caridad es el alma de las virtudes y el cielo de las comunidades. La casa de San Lázaro será un cielo, si hay caridad; el cielo no es más que amor, unión y caridad; la felicidad principal de la vida eterna consiste en amar; en el cielo los bienaventurados están continuamente entregados al amor beatífico; finalmente, no hay nada tan deseable como vivir con los que uno ama y se siente amado».

Decía también: «El amor cristiano que se ha formado en los corazones por la caridad (3), no sólo está por encima del amor de inclinación y del que es producido por el apetito sensitivo, que ordinariamente trae más daños que beneficios, sino incluso por encima del amor razonable. Ese amor cristiano es un amor por el que se aman unos a otros por Dios, en Dios y según Dios; es un amor que hace que nos amemos mutuamente por el mismo fin por el que Dios ama a los hombres, que es para hacerlos santos en este mundo y bienaventurados en el otro; por eso, este amor hace que miremos a Dios y no miremos más que a Dios en cada uno de los que amamos».

Y añadía: «Quien se empeñara en vivir en una comunidad sin caridad y sin soportar a los demás, pronto chocaría con opiniones y acciones discordantes de las suyas y sería como un barco sin ancla y sin timón, navegando en medio de las rocas, a merced de las olas y del viento, que lo empujarán por todas partes, hasta hundirlo».

Finalmente añadía: «Los misioneros no deben amarse entre sí sólo por un santo afecto interior y manifestarlo simplemente con sus palabras, sino que han de demostrar su amor con obras y efectivamente, ayudándose mutuamente con este espíritu en sus tareas y estando siempre dispuestos a aliviar a sus hermanos».

Deseaba ardientemente que Dios inspirase esta caridad en los corazones de todos los de su congregación, afirmando: «Por esta paciencia mutua, los fuertes sostendrán a los débiles y se llevará a cabo la obra de Dios».

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