SOBRE EL ESPIRITU DE CONDESCENDENCIA
La condescendencia, prolongación de la obediencia.
Nuestra obediencia no debe limitarse solamente a los que tienen el derecho de mandarnos, sino que tiene que pasar más adelante; pues evitaremos faltar a la obediencia, que es de obligación, si, como nos lo recomienda san Pedro (1), nos sometemos a toda humana criatura por amor de Dios. Hagámoslo, pues, y consideremos a todos los demás como superiores, y para ello pongámonos por debajo de ellos, incluso por debajo de los más pequeños, mostrándoles respeto, condescendencia y haciéndoles toda clase de servicios. ¡Qué hermoso sería si Dios quisiera afianzarnos en esta santa práctica!







