Vicente de Paúl, Conferencia 188: Extracto De Una Conferencia

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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SOBRE EL RESPETO HUMANO

Huir del respeto humano. Honrar las perfecciones divinas opuestas a nuestros defectos.

Un día, uno de los suyos se acusó ante los demás de haber obrado por respeto humano. El padre Vicente dijo «que más valdría ser arrojado atado de pies y manos a unos carbones encendidos que realizar una acción por complacer a los hombres». Luego, poniéndose a hacer por un lado la lista de algunas de las perfecciones divinas, y por otro la de los defectos, imperfecciones y miserias de las criaturas, para mostrar mejor la injusticia y la locura de los que se olvidan de hacer sus acciones por Dios y pierden su tiempo y su esfuerzo por no tener en lo que hacen más que intenciones humanas y mezquinas, añadió estas palabras dignas de observación: «Honremos siempre las perfecciones de Dios; tomemos como fin de lo que tengamos que hacer las que son más opuestas a nuestras imperfecciones, como su mansedumbre y su clemencia, opuestas directamente a nuestra cólera; su ciencia, tan contraria a nuestra ceguera; su grandeza y su majestad infinitas, tan elevadas sobre nuestra vileza y ruindad; su infinita bondad, tan opuesta a nuestra malicia. Esforcémonos en realizar nuestras acciones para honrar y glorificar esa perfección de Dios, que está en contradicción directa con nuestros defectos». Añadió que esta dirección y aplicación eran como el alma de nuestras obras, y por ellas realzan grandemente precio y valor; para ello se servía de la comparación familiar de los trajes de que se revisten los príncipes y grandes señores los días de sus triunfos y magnificencias; pues, decía, «esos trajes no son ordinariamente tan estimados por la tela de que están hechos, sino por sus bordados de oro y las perlas y piedras preciosas que los adornan; del mismo modo, no hay que contentarse con hacer buenas obras, sino que hay que enriquecerlas y realzarlas por el mérito de una intención muy noble y muy santa, haciéndolas únicamente por agradar a Dios y por glorificarle».

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