SOBRE LA HUMILDAD
La humildad colectiva, consecuencia lógica de la humildad individual.
No es extraño que se piense que los individuos de una congregación, como Pedro, Santiago y Juan, tengan que huir de los honores y buscar el desprecio; pero la congregación y la comunidad, ¿tienen que adquirir y conservar el aprecio y el honor en el mundo? Pensad un poco, ¿pueden Pedro, Santiago y Juan amar y buscar con sinceridad y verdad el desprecio, mientras que la congregación, que no está compuesta más que de Pedro, Santiago, Juan y otros cuantos individuos, tiene que amar y buscar el honor? No queda más remedio que reconocer y confesar que estas dos cosas son incompatibles; por tanto, los misioneros tienen que sentirse contentos, no sólo cuando encuentren alguna ocasión de desprecio o de humillación en particular, sino también cuando se desprecie a su compañía; esa será una señal de que son verdaderamente humildes.







