SOBRE LA CONFORMIDAD CON LA VOLUNTAD DE DIOS
El padre Vicente expuso un día ante la comunidad la diferencia que hay entre un estado en el que Dios pone a una persona y aquel en el que permite que caiga: uno se debe a la voluntad de Dios, y otro acontece por su permiso. Por ejemplo, un estado de abandono, de enfermedad, de contradicción, de aburrimiento, de sequedad, proviene absolutamente de la voluntad de Dios; pero aquel en el que se da el pecado y la violación de las órdenes que nos han dado de su parte, se debe sólo a su permiso. Por eso, hemos de humillarnos mucho cuando caemos, haciendo todo el esfuerzo posible, con la gracia de Dios, para alzarnos y para impedir caer de nuevo. «Pero, en relación con el primer estado, que proviene de la voluntad de Dios, hemos de aceptarlo, sea cual fuere, y resignarnos con la voluntad de Dios, para sufrir todo lo que le plazca, todo el tiempo que sea de su agrado. Esta es, padres y hermanos míos, la gran lección del Hijo de Dios; y los que se muestran dóciles a ella y la afianzan en su corazón, son los primeros de la clase de este divino maestro. Yo no sé que haya nada más santo ni de mayor perfección que esta resignación, cuando llega uno a un total desprendimiento de sí mismo y a una verdadera indiferencia ante toda clase de estados, de cualquier forma que se nos haya puesto en ellos, excepto el pecado. Insistamos, pues, en esto y pidámosle a Dios que nos conceda la gracia de permanecer constantemente en esta indiferencia».







