SOBRE LA FE
Apoyarse en alguna perfección divina. Predicar la fe mejor que los razonamientos.
Sólo las verdades eternas son capaces de llenarnos el corazón y de guiarnos con seguridad. Creedme, basta sólo con apoyarse fuerte y sólidamente en alguna de las perfecciones de Dios, como su bondad, su providencia, su verdad, su inmensidad, etcétera; basta, repito, basarse bien en estos fundamentos divinos para llegar en poco tiempo a la perfección. No es que sea malo persuadirse también por razones fuertes y convincentes, que siempre pueden ser útiles, pero subordinándolas a las verdades de la fe. La experiencia nos enseña que los predicadores que predican conforme a las luces de la fe impresionan más a las almas que los que llenan sus discursos de razonamientos humanos y de motivos filosóficos, porque las luces de la fe van siempre acompañadas de una cierta unción celestial, que se derrama secretamente en el corazón de los oyentes; por ahí se puede deducir que será necesario, tanto para nuestra perfección como para procurar la salvación de las almas, acostumbrarnos a seguir siempre y en todas las cosas las luces de la fe.







