SOBRE LA HUMILDAD
El padre Vicente invita a la compañía a que pida a Dios la humildad. Habla luego de las necesidades de las misiones lejanas.
El padre Vicente recomendó mucho a la compañía que pidiese a Dios las virtudes propias de nuestra congregación, pero sobre todo la humildad; porque dijo el que tiene humildad, ¿qué es lo que deja de hacer? Hay que estar contentos de vernos despreciados, en particular, e incluso la compañía en general. Pues, decidme, ¿no veis, por ejemplo, cómo el que acepta verse despreciado en particular, pero no puede tolerar que sea menospreciada de alguna forma la compañía en general, sino que tiene que ser altamente elogiada y estimada, no veis cómo esa misma persona se encuentra en esa compañía y recoge lo que había dejado? De forma, hermanos míos, que no sólo es menester que los misioneros acepten las humillaciones que en particular les sobrevengan, sino también las que Dios permite que caigan sobre la compañía en general, de la que son miembros.
¡Ay! ¿Puede haber personas más adecuadas y que sean más conformes con los designios de Dios que las que están vacías de si mismas y no tienen otra finalidad sino la de gastar sus vidas por la gloria de su divina Majestad y la salvación del prójimo?.
Ayer mismo vino a hablarme una persona y a decirme que el señor mariscal de La Meilleraye estaba tratando con los directores de la asamblea de las Indias que hay en esta ciudad, y que pensaban enviar allá todos los años algún barco que habían decidido ir a establecerse en diversos lugares de la isla de Madagascar; que el citado señor mariscal de La Meilleraye les había pedido que tratasen conmigo para enviar allá sacerdotes y hermanos. Por consiguiente, añadió…. Está además Escocia, las Hébridas, donde se necesita más gente. Nos piden también de otros lugares de las Indias, pero no podemos abrazar tantas cosas a la vez, pues no tenemos gente para todo ello, de momento intentaremos únicamente buscar alguno para Madagascar esperando que Dios quiera mandarnos más obreros.
Ya veis, padres y hermanos míos, qué hermoso campo se nos presenta; por eso pidámosle a nuestro Señor que tenga a bien enviarnos buenos sujetos a la compañía.







