(09.04.51)
Adrián Le Bon ha sido un padre para la compañía. La gratitud nos pide que recemos por él.
Cuando Adrián Le Bon exhaló su último suspiro, el padre Vicente se levantó y dijo a los misioneros presentes en la cámara mortuoria:
Bien, hermanos míos, nuestro padre está ya delante de Dios; somos hijos suyos; ha sido un padre que ha tenido con nosotros tanta bondad como puede un padre tener con sus hijos. Quiera tu bondad, Dios mío, aplicarle las buenas obras y pequeños servicios que la compañía ha procurado hacer en tu honor hasta el presente. Te las ofrecemos, Dios mío, suplicándote que se las apliques. Muchos de nosotros estábamos quizás en la indigencia, y él nos ha provisto de sustento para alimentarnos y mantenernos. Hemos de tener cuidado, hermanos míos, de no caer en ese miserable pecado de ingratitud para con él y para con todos estos buenos padres, de quienes somos hijos y a quienes hemos de reconocer y respetar como tales. Hemos de sentir mucha gratitud para con ellos por el bien que nos han hecho, y procuremos todos los días, hermanos míos, acordarnos del padre prior y de rezar a Dios por él.







