(18.03.42)
El padre Vicente recomienda la humildad individual y colectiva.
El padre Vicente dijo que, si algo teníamos que pedir para la compañía, era la obediencia y la humildad; que era preferible ponerse a llorar cuando se nos aplaude, ya que nuestro Señor ha dicho: Vae vobis, cum benedixerint vobis homines; que había que escoger siempre la última fila, en nuestro caso particular, con la convicción que hemos de tener de ser el menor de todos; y lo que un particular pensaba de sí mismo, tenía que aplicarlo a la compañía, creyendo que es la más pequeña en la iglesia de Dios, la peor de todas y que, si ella no tenía estos sentimientos, Dios le retiraría sus gracias; que sería un loco si se imaginase que era ella la compañía que había profetizado san Vicente Ferrer, que en los últimos tiempos aparecería una compañía de sacerdotes que sería de gran provecho a la iglesia de Dios.
Dijo que había que amar el desprecio y la confusión por no tener éxito en las predicaciones, en los cargos, que había que huir como del fuego cuando viésemos que tienen para con nosotros sentimientos de honor y de respeto; para ello, mandó que quitaran el paño mortuorio de terciopelo que estaba sobre el cuerpo de nuestro hermano Le Boeuf, diciendo que esto era una representación del fasto del mundo.







