(29.10.38)
El padre Vicente indica los motivos para afirmarse en la vocación, junto con los medios para conseguir este fin.
1.1 Es Dios es el que nos ha llamado y el que desde toda la eternidad nos ha destinado para ser misioneros, no habiéndonos hecho nacer ni cien años antes ni cien años después, sino precisamente en el tiempo de la institución de esta obra; por consiguiente, no hemos de buscar ni esperar descanso, contentamiento ni bendiciones más que en la Misión, ya que es allí donde Dios nos quiere, dejando desde luego por sentado que nuestra vocación es buena, que no está basada en el interés ni en el deseo de evitar las incomodidades de la vida, ni en cualquier clase de respeto humano.
2.° Nosotros somos los primeros llamados. Se dice que son los primeros de una congregación aquellos que entran en ella durante el primer período de su fundación, que es ordinariamente de cien años. Así pues, si somos nosotros los primeros elegidos para devolver al aprisco a las ovejas extraviadas, ¿qué pasará si huimos? ¿dónde creemos que podremos refugiarnos? Quo ibo a spiritu tuo et quo a facie tua fugiam?. Si un rey hubiera escogido a algunos soldados entre los demás para que dieran el primer asalto, ¿no sería este honor para ellos un poderoso motivo para superar todo deseo de huir?
3.° En esta vocación vivimos de modo muy conforme a nuestro Señor Jesucristo que, al parecer, cuando vino a este mundo, escogió como principal tarea la de asistir y cuidar a los pobres. Misit me evangelizare pauperibus, y si se le pregunta a nuestro Señor: «¿Qué es lo que has venido a hacer en la tierra?» «A asistir a los pobres» «¿A algo más»? «A asistir a los pobres», etc. En su compañía no tenía más que a pobres y se detenía poco en las ciudades, conversando casi siempre con los aldeanos, e instruyéndolos. ¿No nos sentiremos felices nosotros por estar en la Misión con el mismo fin que comprometió a Dios a hacerse hombre? Y si se le preguntase a un misionero, ¿no sería para él un gran honor decir como nuestro Señor: Misit me evangelizare pauperihus? Yo estoy aquí para catequizar, instruir, confesar, asistir a los pobres. Y ¿qué es lo que supone esta forma de vivir como nuestro Señor, más que nuestra predestinación? Nam quos praescivit et praedestinavit conformes fieri imaginis Filii sui. si abandonamos nuestra vocación, hay motivos para creer que es la carne o el diablo lo que nos aparta de ella. ¿Acaso les obedeceremos? Si Dios nos ha llamado a esta vida, no será él seguramente el que nos quiera separar de la misma. Dios no se contradice. Sin embargo, no conocemos los secretos de Dios y no queremos juzgar a nadie, aunque siempre diremos que esa retirada es sospechosa y dudosa.
Medios. 1.° Hay que pedirle a Dios esa confirmación o firmeza en nuestra vocación; se trata de un don de Dios.
2.° Hay que sentir mucha estima de nuestra vocación.
3.° Guardar puntualmente todos los reglamentos de la casa, pues, aunque haya pocos, no hay ni uno solo que no sea importante.
4.° No permitir que se hable ni contra los superiores ni contra las maneras de obrar o de gobernar la casa.
5.° Vivir juntos con mucha caridad y cordialidad.
Para animar a los hermanos coadjutores en su vocación añadió que ellos llevaban, lo mismo que los sacerdotes, una vida conforme con la de nuestro Señor y que imitaban la vida oculta de Jesucristo, durante la cual él se ocupó en faenas corporales, trabajando en el taller de un carpintero y en casa como un criado; de esta forma ellos imitaban una vida de treinta años, mientras que los sacerdotes, en sus funciones, sólo imitaban una de tres años y medio; que ellos honraban la vida de siervo de nuestro Señor, y los padres su sacerdocio; de este modo, la conformidad con nuestro Señor se encontraba en ambas vocaciones; por lo demás, gracias a la unión que hay entre los miembros de un mismo cuerpo, lo que un miembro hace es también obra de todos los demás; por eso, los hermanos confiesan con los confesores, predican con los predicadores, evangelizan a los pobres con los sacerdotes misioneros que los evangelizan y, por tanto, viven en esa conformidad con nuestro Señor Jesucristo.







