Vicente de Paúl, Carta 1306: A Bernardo Codoing, Superior De Richelieu

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl · Year of first publication: 1976 · Source: San Vicente de Paúl. Obras completas. Tomo IV. Correspondencia 4. Abril 1650 - Julio 1653. Trad. de A. Ortiz sobre la edición crítica de P. Coste. Salamanca : Sígueme, 1976. 610 p. ; 22 cm..
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24 de agosto de 1650

Me dice usted que uno de nuestros padres ha visitado él solo una parte del arciprestazgo por encargo del señor obispo de Poitiers, ya que no podía hacerlo el arcediano; y desea usted conocer mi opinión, en caso de que le suceda a usted más tarde algo parecido. No tengo nada que decirle, sino que hay que obedecer a los señores obispos, pero no buscar esos empleos.

En lo que se refiere al señor Romillon, capellán de Champigny, como es una buena persona, en la que no ha habido nada reprensible hasta ahora, y que es bien querido por allí, no le gustaría mucho a la gente que se pusiera usted a buscar su salida de la capellanía o a desentenderse usted de la misma; esto parecería demasiado rigor y además sería demasiada desconsideración con la señora duquesa al urgirla para que hiciera una cosa o la otra. Ya basta con que haya usted propuesto lo primero una o dos veces; ella está bien informada del mal comportamiento de esa persona, que probablemente no es tan mala como le han dicho a usted; los que le han hablado en contra suya quizás no tengan más fundamento que su propia disconformidad con su conducta o con sus opiniones.

Tampoco debe usted insistir en que los pobres se alojen fuera de la capellanía, ni impedir que se les obligue a residir allí, al menos a la mayoría, por tres o cuatro razones. La primera es que el señor du Rivau no se lo concederá y sería una temeridad creer que va a poder usted con él. ¡Dios mío! Padre, respete a ese buen señor y no haga nada, en las cosas que tengan algo que ver con él, sin su consentimiento. En segundo lugar, aunque sus razones sean muy dignas de atención, también hay otras razones fuertes en contra. ¿Es que acaso sabe usted, padre, si al dejar a los pobres por acá y por allá, cada uno a lo suyo, no se destinarán con el tiempo las rentas a otros usos, unas veces para recompensar a los sirvientes, otras para atender a un amigo que ha recomendado a alguien, otras para obtener algún servicio o agradecimiento, o en otros abusos por el estilo, que harían que no fuesen ya los pobres quienes gozasen de esas pensiones, sino otras personas, que podrían vivir en otro sitio? Mientras que no hay por qué temer estos inconvenientes si se obliga a los pobres a la residencia, pues solamente querrán acogerse a la capellanía aquellos que sean realmente pobres. En tercer lugar, se debe respetar la intención de los fundadores: eran buenos príncipes, clarividentes, que no han ordenado nada sin conocimiento de causa. En fin, la señora duquesa no quiere tolerar ningún cambio en este punto.

¿Qué es lo que tiene usted que hacer? En cuanto a mí, le confieso que, si me hubieran pedido la opinión, habría seguido la que usted combate; porque uno está seguro de que obra bien cuando sigue la intención de los fundadores, aunque parezca que es ventajoso obrar de otra manera. Le suplico, padre, en nombre de Nuestro Señor, que sigamos así y esté seguro de que me alegraré mucho de que no hable más de ello; y todavía me alegraré más si en esto, como en todas las demás cosas, se muestra usted de acuerdo con el señor du Rivau. Y si no puede usted decidirse a seguir siendo el responsable de esa capellanía debido al capellán, encárgueselo a otro de la compañía y déjele hacer.

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