20 de agosto de 1650
Señor obispo:
Añado mis humildes súplicas a las que le hará el señor párroco de San Nicolás, para que acepte usted que los señores abades de Chandenier, sobrinos del difunto señor cardenal de La Rochefoucauld, se puedan retirar junto a usted para recoger allí las migajas que caen de su mesa en doctrina y en piedad. Se trata de dos eclesiásticos de los más virtuosos que hay hoy en París. Alquilarán una casa en su ciudad y se llevarán con ellos a dos sacerdotes muy piadosos. Si les concede usted el favor que desean, contribuirá usted a ganarlos para Dios cada vez más y para el servicio que rendirán a su iglesia. Son capaces de hacer allí mucho bien y de llegar hasta los más elevados empleos. Espero, señor obispo, que se mostrarán tan agradecidos al favor que les hace como discretos para usar de él sin molestarle a usted.
Estoy a punto de hacer la resignación que me ha hecho usted el favor de recomendarme a propósito de una parroquia de su diócesis. Dios sabe el disgusto que me dio el mal resultado de la anterior y el gozo que tendré en poder ahora obedecerle de forma útil. Le renuevo mis ofrecimientos con toda la humildad y el afecto que me es posible, mientras que, postrado en espíritu muy humildemente a sus pies, le pido su santa bendición, y a Dios la gracia de que le conserve un siglo entero y me haga digno de la dicha que tengo de ser, señor obispo, en su amor, su…







