París, 16 de agosto de 1650
Padre:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Ya hace mucho tiempo que no le he escrito. Mi corazón podría reprochármelo con toda razón, si hubiera podido hacerlo, ya que ciertamente es muy agradable tratar con el suyo, a quien cada vez aprecio con mayor cariño; también me consuelan mucho las cartas que usted me manda. Por tanto, padre, no me vuelva a decir que no se atreve a escribirme, creyendo que no tengo auditus para usted. Eso es lo que me decía; me acuerdo perfectamente; pero no sé cómo se le habrá podido ocurrir eso. Dios sabe, y usted también, padre, que estimo y aprecio su alma como la de un buen siervo de Dios y de los mejores sacerdotes de la compañía, y que todo cuanto me venga de usted lo recibiré siempre con esta consideración y, por tanto, con todo respeto y alegría. Y quede esto dicho una vez para siempre.
Pasemos a su última carta, en la que me habla usted del seminario. Le agradezco los avisos que me da. Me cuesta creer que los alumnos no gastan más de cuarenta escudos. Para saberlo de verdad, habría que ver cuánto ha gastado toda la casa, internos y externos, en pan, cuánto en vino, cuánto en carne cuánto en leña, y así en las demás cosas; después, cuente usted a las personas que han vivido ahí y calcule cuál es el gasto que corresponde a cada uno. Todo esto no podrá hacerse con exactitud, pero sí poco más o menos. Y como los alumnos no tienen para comer tanto como los demás, observe usted la diferencia y haga un descuento razonable de lo que les corresponde. Después de haberlo puesto todo por escrito, le ruego que me lo envíe, a fin de regular esas pensiones según el precio más justo, ya que no es conveniente que la casa contribuya a la manutención de esos jóvenes, dada la penuria en que se mueve. Más valdría que no hubiera seminario; pero resulta necesario mantener esa obra, si puede conseguirse que no sea a costa de la compañía más que el trabajo y la manutención de sus directores. Ya ve usted cómo conviene hacer cuanto antes ese cálculo para poder decir a los alumnos, cuando vayan a vacaciones, lo que tendrán que pagar, en el caso de que vuelvan.
Le pido a Nuestro Señor que ilumine con sus luces y que una nuestros corazones en su santísimo amor, en el que soy padre, su muy humilde servidor.
VICENTE DEPAUL
indigno sacerdote de la Misión
Al pie de la primera página: Padre Gentil.







