9 de julio de 1650
El pedir consejo no sólo no es ninguna cosa mala, sino que por el contrario hay que hacerlo cuando se trata de una cosa de importancia o cuando no somos capaces de decidirnos por nosotros mismos. Para los asuntos temporales se busca el consejo de algún abogado o de alguna persona de fuera entendida en esos negocios; y para lo interior, se trata con los consultores y con algunos otros de la compañía, siempre que se crea conveniente. Yo les consulto a veces a los mismos hermanos y sigo sus consejos en las cosas que atañen a sus trabajos; y cuando esto se hace con las precauciones requeridas, la autoridad de Dios, que reside en la persona de los superiores y en aquellos que los representan, no recibe ningún detrimento; por el contrario, el buen orden que de allí se sigue la hace más digna de amor y de respeto. Le ruego que obre así y que se acuerde que, en cuestión de cambios o de asuntos extraordinarios, hay que consultar al general.







