15 de junio de 1650
El cansancio que siente usted en sus ocupaciones puede proceder de varias causas: 1.° de la naturaleza, que se cansa de ver y de hacer siempre las mismas cosas, permitiéndolo Dios así para dar ocasión de practicar dos hermosas virtudes, a saber, la perseverancia que nos hace llegar al fin, y la constancia que nos hace superar las dificultades; 2.° de la cualidad del trabajo; que es demasiado serio y que, al llevarse a cabo por una persona que es también seria, engendra el disgusto, sobre todo cuando Dios quiere retirar el consuelo interior y la suavidad espiritual que de vez en cuando quiere que sientan aquellos que sirven a los pobres; 3.° por parte del espíritu maligno que, para apartarle de los grandes bienes que usted está haciendo, le sugiere esa antipatía. En fin, ese cansancio puede provenir del mismo Dios; pues para elevar a un alma a una perfección soberana, la hace pasar por la sequedad, las contrariedades y los combates, obligándole a honrar de ese modo la vida dolorosa de su Hijo Nuestro Señor, que se vio lleno de angustias y en medio del abandono. ¡Animo, padre! Entréguese a Dios y prométale que desea usted servirle de la manera que le sea más agradable. Se trata de triunfar sobre sus enemigos: la carne que se opone al espíritu, y Satanás que se siente celoso de su felicidad. Es voluntad de Dios que persevere usted en la obra que él le ha ordenado hacer. Confíe usted en su gracia, que no le faltará jamás para seguir adelante con su vocación; y piense en que esta obra es de las más santas y santificantes que hay en la tierra. Quizás mueran en ese hospital tantas personas como en gran parte de las parroquias; y como usted les asiste a bien morir, es usted la causa de que esas almas sean recibidas en el cielo; y a los que no mueren, los dispone usted a bien vivir; por consiguiente hace usted más bien, usted solo, que muchos párrocos juntos.
Le pido a Nuestro Señor, padre, que le dé a su corazón la paciencia y el gozo que él sabe que le convienen, y que me haga digno de participar en el mérito de sus trabajos y oraciones.







