8 de junio de 1650
Me parecen muy bien las razones por las que usted ha restablecido la antigua costumbre de hacer las preces por el rey solamente después de la misa, en vez de hacerlas antes de la comunión, como se hacía después de la visita. Pensando bien las cosas, creo que esto era lo más conveniente, ya que por este medio se ha acallado las murmuraciones de los habitantes, que son un inconveniente mayor que la falta de uniformidad con las demás diócesis por este punto, dado que se trata de una oración, y no de una ceremonia. Sin embargo, como esta acción se refiere al rey, era de desear que hubiera pedido usted consejo al gobernador, para que no hubiera tenido motivos de extrañarse por ese cambio. Esta omisión me ha hecho pensar que quizás usted no estaba enterado de lo que en otras ocasiones le dije a su predecesor, que no cambiase nada de importancia en lo exterior de la parroquia, más que después de haber consultado con el señor gobernador. Ahora que ya lo sabe usted, espero que seguirá con exactitud esta norma. Sobre todo, padre, es obligación de los superiores de la compañía proponerle al general las dificultades notables que se presenten; de este modo, recibiendo sus consejos, se evitarán muchos inconvenientes y podrán estar seguros de que cumplen la voluntad de Dios, que sé muy bien que busca usted en todas las cosas. Creo entonces que se sentirá usted muy contento de saber esto.







