París, 9 de mayo de 1650
Mi querida hermana:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Como la poca armonía que ha reinado hasta ahora entre la antigua comunidad del hospital y ustedes nos da justos motivos para creer que no van a encontrar bastante paz en ese sitio, hemos creído que sería conveniente que salgan ustedes y se retiren de ahí; además, tenemos aquí necesidad de usted y de su hermana. Por eso le ruego que se despida del señor gobernador, de su señor lugarteniente y de los demás señores de la ciudad, agradeciéndoles el honor que nos han hecho, rogándoles que les excusen por no haberles podido dar toda la satisfacción que esperaban, y diciéndoles que sienten mucho no poder continuar con su servicio en el hospital, ya que la Providencia ha dispuesto las cosas de otro modo. Las esperamos aquí y les aseguro que serán recibidas en su casa con gran afecto. En cuanto a mí, me alegraré mucho de volverla a ver, pues soy en el amor de Nuestro Señor su muy afectuoso servidor y hermano.
VICENTE DEPAUL
indigno sacerdote de la Misión







