Lo mismo me ha escrito el señor de Annemont; le acompaño su carta. Le contestaré que aplaudo esa decisión y que rezaré a Dios para que les salgan bien las cosas a esas buenas religiosas, si es para el bien de los pobres, y que de buena gana aceptamos que se despida a las hijas de la Caridad; creo, señorita, que debería escribirle también usted en el mismo tono, para honrar y practicar en cierto modo aquel consejo de Nuestro Señor, de que cuando nos quieran quitar el manto demos también la túnica. Me parece que Dios recibirá por esto mayor honor que con el servicio que sus hijas podrían rendirle en aquel hospital. En nombre de Dios, señorita, seamos buenos en presencia de Jesucristo; seguramente él cumplirá en nosotros sus designios.
Vicente de Paúl, Carta 1270: A Luisa De Marillac

[Finales de abril o mayo de 1650]






