Vicente de Paúl, Carta 1267: A Gerardo Brin, Sacerdote En Limerick

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl · Year of first publication: 1976 · Source: San Vicente de Paúl. Obras completas. Tomo IV. Correspondencia 4. Abril 1650 - Julio 1653. Trad. de A. Ortiz sobre la edición crítica de P. Coste. Salamanca : Sígueme, 1976. 610 p. ; 22 cm..
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Abril 1650

Nos hemos quedado muy edificados con su carta, al palpar en ella dos maravillosos efectos de la gracia de Dios. El primero es ver cómo se ha entregado usted a Dios para resistir en el país en que se encuentra, en medio de peligros, prefiriendo exponerse a la muerte antes que dejar de asistir al prójimo. El segundo, cómo piensa usted en la salvación de sus hermanos, enviándolos a Francia para alejarles del peligro. El espíritu de martirio le ha impulsado a lo primero, y la prudencia le ha obligado a hacer lo segundo; ambas cosas han sido sacadas del ejemplo de Nuestro Señor, el cual, cuando estaba a punto de ir a sufrir los tormentos de su muerte por la salvación de los hombres, quiso garantizar y librar a sus discípulos diciendo: «Dejad a estos y no los toquéis» Así es como ha obrado usted, como un verdadero hijo de tan adorable Padre, a quien le doy infinitas gracias por haber producido en usted estos actos de caridad tan soberana, que es el colmo de todas las virtudes. Le ruego que le llene de todas ellas para que, ejercitándolas en todo tiempo y lugar, pueda usted derramarlas en el seno de quienes carecen de ellas. Puesto que los demás padres que están con usted se encuentran en la misma disposición de seguir allí, a pesar del peligro real de guerra y de contagio, creemos que convendrá dejarles. ¿Qué sabemos nosotros de lo que Dios les tiene destinado? La verdad es que no les habrá dado en vano una resolución tan santa. ¡Dios mío! ¡Qué inescrutables son tus juicios! ¡He aquí que, al cabo de una misión de las más fructuosas y quizás de las más necesarias que hemos visto, detienes, al parecer, el curso de tus misericordias sobre esa ciudad penitente, para cargar más todavía tu mano sobre ella, añadiendo a las desgracias de la guerra el azote de la enfermedad! Es que deseas cosechar a las almas bien dispuestas y reunir el buen trigo en tus eternos graneros. ¡Adoramos tu voluntad, Señor!

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