10 de abril de 1650
Me parece muy bien que le hayan delegado a usted ante el señor du Rivau; pero me parece que hubiera sido mejor que no se hubiera dado motivos para esta delegación, como se ha hecho, removiendo los asuntos concernientes a su cargo sin decirle nada a él. Las reglas de la prudencia y de la justicia requieren que tengamos estas precauciones, que tratemos las cosas de cierta importancia con aquellos que están encargados de ellas o que pueden poner algún obstáculo al bien que pretendemos, y que desistamos efectivamente de ellas cuando son ésos sus sentimientos; si no, les seremos un estorbo y su indignación caerá sobre nosotros. Todos los oficiales son celosos de su autoridad y difícilmente se rehacen de las heridas de una parte tan sensible cuando se imaginan alguna vez que las han recibido. ¡Quiera Nuestro Señor, que recibió en el día de hoy una prueba del honor debido a su realeza, darnos fuerzas para rendírselo por entero a los que son los representantes de su dominio y de su justicia, pidiéndoles siempre su consejo y su aprobación en todo lo referente a lo temporal! Y creamos que no cumplimos la voluntad de Dios si en esto no les sometemos la nuestra. Espero que los de esa casa obrarán en adelante de ese modo y que no seguirán adelante en los cambios propuestos sobre la capellanía de Champigny, si el señor du Rivau y los principales habitantes de allí no están de acuerdo con ello. Es la súplica que le hago especialmente.







