Hace un año poco más o menos que me tomé el honor de escribirle a propósito de la elección de… para abad de…, a fin de que se tomase usted la molestia de venir a París a informar a la reina de las cualidades de esa persona y de las necesidades de la abadía. Pero debido a ciertas circunstancias que se lo impidieron, tuvo usted la bondad de indicarme por carta las justas razones que había para impedir que dicha elección llegara a realizarse. La cosa se ha ido arrastrando, debido a la oposición de dos religiosos electores llamados a la elección un día después de haberse realizado ésta; esa oposición ha sido aceptada por el parlamento en contra del elegido, que ahora está insistiendo con todo ardor para que lo confirmen y urge la expedición del breve de nombramiento. Y como lo apoyan muchas personas poderosas, hay motivos para temer que se salga con la suya; por eso es muy necesaria aquí la presencia de usted, para que hable con la reina y les dé peso a las razones para impedir este mal. Sé que Su Majestad, que le estima mucho, le recibirá con agrado. El señor canciller ha visto bien que le avise, como lo hago humildemente, para que venga cuanto antes, por amor de Dios. Me tomo esta confianza, porque sé con cuánto ánimo defiende usted sus intereses. Quizás de este momento, como me hizo usted el favor de indicarme, dependa la reforma de esa casa y las de su filiación, y quiera Nuestro Señor que se le deba a usted el mérito de este resultado tan deseable, como a uno de los prelados del reino que mayor celo demuestran por la gloria de su iglesia.
Vicente de Paúl, Carta 1259: A Un Obispo

[Entre 1634 y 1652]






