Señor obispo:
Un religioso de esta ciudad ha defendido una tesis con una proposición sacada del jansenismo y condenada por la Sorbona; el señor canciller entonces ha hecho prohibir la reunión y las disputas que iban a celebrarse sobre aquel tema. Cuando el superior puso para ello algunas dificultades, él lo mandó buscar y le dijo que, si faltaba a su deber, sabía la manera de que cumpliera lo mandado, él y todos los suyos. Le ordenó luego ir a ver al señor nuncio, que le reprendió seriamente por no haber impedido que se defendiera esta tesis, y le amenazó con el castigo a él y a todos los suyos que favoreciesen estas doctrinas, y que le escribiría al papa y al general. Dicho superior y toda su comunidad castigaron luego ellos mismos a ese religioso, declarándolo incapaz para todos los cargos y oficios en la Orden y privado de voz activa y pasiva; y luego lo echaron de la casa. Esto hace esperar, que si en adelante es uno firme en impedir estos excesos, podrá disiparse finalmente esta perniciosa doctrina.







