Vicente de Paúl, Carta 1256: A Un Sacerdote De La Misión De La Casa De Saintes

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl .
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27 marzo 1650.

Respondo a su carta del 16. Siento mucho haber tardado tanto en escribirle y ahora vuelvo a caer en la misma falta, por lo que le pido humildemente perdón, postrado espiritualmente a sus pies.

No me extraña que tenga usted tentaciones, ya que eso les pasa a todos los que quieren servir a Dios; Nuestro Señor también fue tentado y después de él no sé de nadie que se haya visto libre; si supiera de alguno, me extrañaría muchísimo. Los grandes bienes de la gracia, lo mismo que los de la fortuna, sólo se conservan a base de esfuerzo, y el diablo procura no dejarle tranquilo; si puede, no dejará de intentar apartarle de sus santos propósitos, ya que se refieren a una gran multitud de almas que usted podría librar de su tiranía con la fuerza de la santa palabra que usted les debe, y con la gracia de su vocación. Son grandes los designios de Dios sobre usted, para que ejerza el mismo oficio de Jesucristo en la tierra. Merece la pena que resista usted valientemente a la tentación, con una especial confianza en la ayuda de su divina bondad. Animo, pues, padre; séale usted fiel y él le será propicio. Le ruego humildemente que le conceda a usted esta gracia y que le dé a conocer el afecto y la estima que siento por su persona, y que son mucho mayores de lo que usted podría imaginarse.

En cuanto a la dificultad que me pone de tratar con el padre Watebled, conviene que se esfuerce usted en superarla, pensando en el trato que el Hijo de Dios tuvo con la santísima Virgen y san José, y luego con los apóstoles, y hasta con los escribas, fariseos y tribunos. Si Dios le ha privado a ese buen sacerdote de una gran gracia exterior, ha enriquecido su interior con mucha virtud, como usted mismo reconoce. Si hay personas en la ciudad que se extrañen de que se sometan ustedes a él, serán gentes que se fija en la grandeza corporal; pero usted, que penetra más hondo, sabe cómo tiene un alma pura, dedicada totalmente al servicio de Dios, que es templo de su Espíritu, preciso y digno de veneración, y por eso no debe detenerse en el contorno material; ni siquiera habría que someterse a un hombre por su virtud, por mucha santidad que pueda tener, sino sólo por Dios, a quien hay que ver en él. Es lo que ruego que haga en la persona del padre Watebled y en la de quien pueda sucederle.

Me parece que le perjudica a usted la vida sedentaria. Eso procede de una sangre caliente y de un espíritu vivo, que se moderan con la edad y no con un cambio de residencia. Pues por todas partes llevamos nuestro temperamento. Y ese calor y vivacidad son el origen de muchas inquietudes y molestias. Hay personas que se contentan con todo, y otras que no se contentan con casi nada; éstas tienen necesidad de paciencia para soportarse a sí mismas.

Me imagino que la presente le llegará casi al final de la cuaresma; por eso será inútil indicarle algún remedio para las molestias que sufre; además, no quiere usted que le dispensen de su obligación.

Le pido a Nuestro Señor que podamos morir a nosotros mismos para resucitar con él, que sea él la alegría de nuestros corazones, el objeto y el alma de sus acciones y su gloria en el cielo. Así será si nos humillamos ahora como él se humilló, si renunciamos a nuestras propias satisfacciones para seguirle, llevando nuestras pequeñas cruces, y si entregamos voluntariamente nuestras vidas, como dio él la suya, por nuestro prójimo, a quien él ama tanto y quiere que nosotros amemos como a nosotros mismos.

Espero con confianza sus oraciones.

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