23 marzo 1650.
La propuesta que usted me hace del priorato de Laval va en contra de nuestras normas y de la práctica que seguimos de no buscar ninguna fundación directa ni indirectamente. La Providencia ha sido la única que nos ha llamado a todas las que tenemos por medio de aquellos que tenían derecho a ello; si la Compañía me hace caso, se conservará inviolablemente en esta actitud. Si le habla el señor obispo, dígale que le he dado esta respuesta.
Le he dicho al procurador de su casa que deje las cosas como están con los señores administradores, que se guarde mucho de tocar las cerraduras de los graneros, y que ni se le ocurra litigar con ellos. La paz vale más que todo lo que nos puedan quitar. Y si la procuramos en los otros, es más razonable que la conservemos entre nosotros, para que no se nos eche en cara aquel reproche que leíamos ayer en el evangelio: Médico, cúrate a ti mismo. En nombre de Dios, padre, toleremos estas pérdidas antes que dar un escándalo. Dios tomará en sus manos nuestra causa, si seguimos el consejo de Nuestro Señor.







