París, 10 febrero 1650.
Mis buenas hermanas:
La gracia del Señor sea siempre con nosotros.
Me he alegrado mucho al recibir su carta. Ruego a Nuestro Señor le devuelva la salud a la hermana Petra y que se la conserve a la hermana Margarita, para que puedan todas juntas continuar los servicios que le hacen a Dios.
Les agradezco la molestia que se han tomado de atender al encargo que les hice y la visita que hizo la hermana Margarita para los libros y la ropa; si se ha perdido algo, habrá que tener paciencia y conservar lo que queda.
Aquel pobre hombre vino ayer por la mañana a recoger sus bultos en la puerta, sin entrar ni hablar con nadie más que con el portero. Puedo asegurarles, hermanas, que no es mi deseo que lo reciban ustedes; si tuviera la mala idea de volver por ahí, les ruego que me lo comuniquen cuanto antes, para que procure alejarlo. No creo que vuelva a verme, de lo que quedaré muy contento.
Le pido a Nuestro Señor que les dé su paz y su espíritu, y a mí una parte en sus oraciones, ya que soy en su amor su muy devoto servidor,
VICENTE DEPAUL,
Indigno sacerdote de la Misión.
Dirección: A las hermanas de la Caridad, siervas de los pobres enfermos, en Val de Puiseaux.







