Vicente de Paúl, Carta 1236: A Maturino Gentil, Sacerdote De La Misión, En Le Mans

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl .
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9 febrero l 650.

No me ha llegado ninguna queja, como usted cree, de la habitación que usted ha mandado enlosar; lo único que sé es lo que usted me ha escrito, que es lo bastante para que crea que el superior no está contento de esta reparación, lo mismo que de las demás que hace usted en su ausencia. Esto me obliga a pedirle que no haga nada de importancia sin que él lo sepa; y cuando una cosa no convenga, a pesar de que a usted le parezca muy necesaria y útil, indíqueme sus razones y las de usted; yo me encargaré de decir si hay que hacerla o dejarla.

Recibo muy raras veces cartas del padre…, y nunca me ha hablado de usted, al menos en el sentido que usted cree; yo mismo no toleraría que semejantes personas se metiesen a decirme lo que pasa entre ustedes, si no les corresponde a ellos hacerlo. Además, es usted lo bastante prudente y sensato para que tengan que criticar su proceder; si alguno llegara a criticarle sin motivo, ¿no convendría entonces sufrir por la justicia, ya que Nuestro Señor dijo que son bienaventurados los que se ven perseguidos de esta manera? Le ruego, padre, que mantenga en paz su corazón; usted es de Dios, por su gracia, y está decidido a vivir y morir para su mayor gloria. ¿No es ésta una gran dicha de la que hay que gloriarse continuamente, a pesar de las penas que pueda tener?

Me alegra mucho saber que se ha puesto usted de acuerdo con el señor obispo de Le Mans para la tasa de sus capillas. Creo que algún día se podrá resolver todo sin un proceso. Por ahora, sin embargo, preveo algunos inconvenientes; por eso le ruego que pague esa tasa, sin perjuicio de su cargo. Nosotros hemos pagado varios años la que se impuso al principio a San Lázaro, esperando que llegara la ocasión de declararnos exentos, como luego hicimos, contentándonos al principio con presentar sencillamente nuestras quejas, unas veces al arzobispo de París otras a los comisarios del clero y otras a otros, intentando así irlos preparando poco a poco a que nos liberaran de esta carga. Quizá baste con una buena misión, de la que quede contento el señor obispo, para que le libre de esa tasa excesiva, sobre todo si está usted, como es cierto, con el derecho en la mano.

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