…Y a mí no sé cómo me han tolerado hasta estos momentos en el cargo que ocupo, pues soy el más rústico, el más ridículo y el más necio de los hombres, en medio de tantas personas distinguidas, con las que no sabría decir seis palabras seguidas, pues parece que no tengo juicio ni talento. Y lo que es peor, no tengo ninguna virtud que pueda compararse con la de la persona de que se trata.
Vicente de Paúl, Carta 1235: A Un Sacerdote De La Misión







