Mi querida madre:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Lo que me indica usted sobre ese buen eclesiástico para la dirección de su casa tiene dos inconvenientes: la primera, por parte de la autoridad, que él querrá tener más todavía de la que conviene, al considerarse superior nato, y quizás sus sucesores pretendan lo mismo de derecho; la segunda, y que considero la última, es que como está un poco delicado y enfermo pondrá dificultades en encargarse sin más de esa casa. Más valdrá ir observando cómo marchan las cosas al principio.
Le dije a nuestro hermano encargado de estos asuntos que le remita a usted hoy los papeles que me envió, que son solamente copias. Me ha obligado usted a proponer árbitros, diciéndome que ha nombrado al señor Deffita en nombre de ustedes. Le indiqué que con mucho gusto nos atendríamos a su decisión. Yo solamente he encontrado al señor Pepin que cree que nosotros hayamos podido hacer la entrega de Verneuil; el señor Blavet dijo en presencia suya que no lo podíamos hacer; y todos aquellos con quienes he hablado luego, entendidos en la cuestión de los coches, creen que no es justo que sus coches de Dreux impidan la circulación de los de Verneuil, ni de los de Lisieux, Bayeux, Coutances y Valognes, que son de allí, en donde los propietarios de los coches de Rouen que le pertenecen a ustedes tiene derecho, lo mismo que por toda Normandía. Juzgue usted misma, mi querida madre, qué razones tiene Dreux para excluir a todas esas ciudades, que no tienen coches, de tenerlos en cuanto puedan para comodidad suya. Además, hay un montón de ejemplos para ello: los coches de Abbeville y de Calais siguen pasando por la ruta de Beauvais, en donde están establecidos. Sí, se nos replica, pero los propietarios tendrán menos ingresos. Aun cuando así fuera, ¿acaso su interés particular tiene que perjudicar a las demás ciudades, dado que el establecimiento de coches mira a la utilidad pública? Hay una cosa que no es justa, que los otros coches tomen pasajeros en Dreux; por eso, hay que permitir al coche de Dreux que denuncie a los otros coches, si lo hacen.
Esto es, mi querida madre, lo que pienso sobre el asunto, diciéndoselo con toda sencillez. Me quitan la pluma de la mano y me veo obligado a terminar. Si el señor Deffita opina de otro modo, me someteré a su decisión. Soy en el amor de Nuestro Señor su muy humilde servidor,
VICENTE DEPAUL,
i. s. d. l. M.







