¿Quién no reconocerá que Dios ha bendecido manifiestamente a la diócesis de…, al haberle dado un obispo que trae la paz a las almas en esos lugares en los que hace cien años que no se ha oído hablar de obispos ni de visitas? Si es así, señor obispo, podré apreciar lo bastante a su persona y rendirle los debidos respetos? ¿No tendré que reconocer que es usted un obispo realmente dado por Dios, un prelado de gracia, un hombre muy apostólico, que ha dado a conocer a Jesucristo a los pueblos más desolados? ¡Que sea por siempre bendito su santo nombre y le conserve a usted largos años, para recompensarle finalmente con una eternidad gloriosa, reconocido en el cielo en medio de ese gran número de almas bienaventuradas que habrán entrado en aquel lugar glorioso por medio de usted y que verán en usted a su segundo salvador después de Jesucristo!
Vicente de Paúl, Carta 1228: A un Obispo

[Entre 1643 y 1652].






