9 enero 1650.
Me han dicho por aquí que la Motte no vale cincuenta escudos de renta, tal como usted me escribe: y aunque valiera más, ¿es menester que lleve usted una doble economía, y los gastos necesarios para las compras y arreglos que hay que hacer? Ya le expuse anteriormente mi manera de pensar. Temo mucho que lo que ha hecho el señor obispo 1, según usted me dice, haya sido más bien por inducción suya, abierta o tácita, que por propia inclinación. Si es así, le ruego que deje la ejecución de este proyecto, que podía ser más perjudicial que ventajoso. En nombre de
Dios, padre, tengamos más interés en extender el imperio de Jesucristo que nuestras posesiones. Llevemos sus negocios, y él llevará los nuestros. Honremos su pobreza, al menos con nuestra moderación, si no lo hacemos con una perfecta imitación.







