Mercuès, 5 enero 1650.
Padre:
Le doy gracias humildemente por el ofrecimiento que me ha hecho de su ayuda tanto en el asunto de Chancelade como en el de nuestra avocación. La confianza que siempre tuve de que usted me haría este favor me ha hecho obrar de esta manera; y ya que siento tanto afecto por usted y por su devota congregación como por mis propios asuntos, no he puesto ninguna dificultad en servirme de ustedes, como lo hago en todas las ocasiones. Si el señor canciller se niega a concederme lo que le pido y la reina no le ordena que me lo conceda, esto enfriará mucho los espíritus de este país, cuando se entere. Pues, si después de haberme expuesto como lo he hecho, me abandonan, ¿qué creerán los demás que harán con ellos? Esperaremos a ver qué pasa.
La aprobación que usted le da a nuestra conferencia aumentará mi estima hacia usted. Se decidieron además otras cosas que no he puesto por escrito, entre ellas una que le afecta a usted y que quizás añada a lo escrito, si usted lo juzga oportuno, que es solicitar al Santo Padre que no dé más rescriptos de promovendo a quocumque episcopo, sobre las cualidades del Ordinario, ni de extra tempora. El señor obispo de Périgueux se ka encargado de escribir de parte de la asamblea al señor cardenal datario, al que yo le he escrito de antemano, indicándole los grandes males que esto origina en nuestras diócesis, que es la ruina de nuestros seminarios, establecidos principalmente para probar lo vocación de los eclesiásticos, como recomiendan los sagrados cánones. Todos los prelados del reino deberían unirse a nosotros en esta solicitud.
En Burdeos se sigue combatiendo, es increíble la desolación que reina en aquel país.
Nunca me he quejado del padre Faure, dominico, de que se hubiese negado a predicar en nuestra catedral; no he podido hacerlo, por la sencilla razón de que nunca he hablado con él, ni le he visto ni escrito; se trata de su provincial, a quien había invitado a predicar, y él me aseguró que vendría el padre Faure en su lugar.
No es el vicario de Puy-l’Eveque el que solicita entrar en su Compañía, sino otro que sirve en un anejo de dicha parroquia, natural de este lugar, cuyo carácter es muy distinto del de los de Gourdon. Se trata de una persona sencilla y virtuosa y ha estudiado teología. Tiene el defecto de no ver más que con un ojo, pero sin deformidad alguna. Ha obtenido de Roma un rescripto con la dispensa, ya que es el ojo del canon, y le he dado las órdenes. El padre Cuissot me ha dicho que no ha sido él a quien se dirigió para manifestarle sus deseos, sino al padre Water. Le diré o le mandaré decir que le vaya a ver, para que examine su vocación y le indique a usted lo que le parece, para saber si desea usted que se lo enviemos; así lo haremos de todo corazón, deseando testimoniarle en esta ocasión y en cuantas se presenten por su servicio, que soy, etcétera,
ALANO, obispo de Cahors.







