Mi veneradísimo padre:
Siento mucho tener que molestarle tantas veces, pero la imposibilidad de seguir recibiendo más niños nos urge mucho. Hay actualmente siete, con dos nodrizas, que no quieren tomar el biberón y no tenemos ni un doble para tomar más nodrizas, ni provisiones de tela o ropa, ni esperanzas de poder pedir ningún préstamo. Haga el favor de decirnos si podemos en conciencia verlos en peligro de muerte, ya que las damas no nos hacen caso ni nos ayudan y estoy segura de que creen que hacemos nuestros negocios a sus expensas, muy en contra de la realidad, ya que del dinero que se decidió que recibiríamos para alimento de las nodrizas no nos hemos quedado más que con cien libras. No conozco más que un medio para aliviar a todos los que sufren en esta obra, que es que nosotras, en nombre de la Compañía, presentemos una solicitud al señor primer presidente para descargarnos de recibir más niños y decirle que encargue él a quien quiera. Pero sería preciso que las damas aceptasen esta propuesta, para no extrañar a nadie; si no, me parece que estamos en continuo pecado mortal.
Ayer nos trajeron 4 niños; además de los 7 de pecho, tenemos tres recién destetados, encontrados hace poco, uno de ellos enfermo que hay que poner de nuevo con nodriza, si es posible. Si pudiéramos soportar este esfuerzo sin comunicárselo a usted, lo haría de muy buena gana, pero no lo permite nuestra impaciencia. Esas buenas damas no hacen todo lo que pueden; ninguna ha enviado nada, ni tampoco se recibe nada de las de la compañía, dado que la mayor parte de ellas ya han abonado lo del año.
Le ruego a Dios que tenga misericordia de nosotras; empiezo a temer que toda esta miseria se deba a mí, pues soy lo que soy. Sigo siendo, mi veneradísimo padre, su muy obediente y obligada hija,
L. DE MARILLAC
Creo que habría que tener una reunión general. Los recursos del Hôtel-Dieu también van escaseando.
Dirección: Al padre Vicente.







