[Entre 1647 y 1649]
Mi veneradísimo padre:
Perdone mi temor excesivo por la cosa que más he temido siempre en la persona de que le he hablado. Las reflexiones que he hecho sobre ello (que aumentan mi dolor) han sido la causa de que no haya sentido en esta ocasión el consuelo que Dios me da por medio de su caridad. Si usted cree que la divina Providencia le ha dado el gobierno de mi vida, en nombre de Dios, mi queridísimo padre, no me abandone usted en esta necesidad; si no, haga el favor de darme a conocer mi engaño, para que no muera impenitente.
Me olvidé de suplicarle humildemente, por amor de Dios, que celebrase mañana la misa por mi hijo y que haga lo que Dios quiera inspirarle para ayudarle a salir de la gran preocupación en que me parece que está, y que a usted le daría gran compasión, si la conociese como yo.
Hago todo cuanto puedo por convencerme de las ideas que usted me hace el honor de inspirarme. He cenado mejor de lo que pensaba y procuraré entregar a Dios lo que me pide en esta ocasión, en la que espero recibir las advertencias que me dé su caridad, que tanto necesito, y ser tanto como Dios quiere su muy obligada hija y humilde servidora,
L. DE M.
Dirección: Al padre Vicente.







