París, 5 noviembre 1649.
Monseñor:
No puedo expresarle con cuánto gozo y respeto al mismo tiempo he recibido la carta que ha tenido la amabilidad de escribirme, ya que viene de una persona para mí tan querida y a la que tanto venero. Si ya de antes sentía gran aprecio de su Señoría Ilustrísima por las noticias que tenía de sus virtudes, ahora me siento obligado a mayor afecto y gratitud, añadiendo por la presente el ofrecimiento de mi obediencia perfecta, que le ruego acepte de corazón, junto con la de nuestra pequeña congregación, que es toda suya. He rogado a Dios con toda el alma, según sus deseos, que bendiga el cargo tan importante en el que su providencia le ha puesto a usted. Y como he sabido por los nuestros de ahí que su Señoría Ilustrísima, en su entrada en el colegio de Propaganda Fide, había tenido la devoción de mandar tener una comunión general por este fin, para corresponder también nosotros por nuestra parte, he ordenado que también aquí se haga; y todos los sacerdotes de la casa han celebrado igualmente a su intención. Si Dios quiere, renovaremos de vez en cuando estas mismas oraciones, que me parece no podrán ser mejor empleadas que con semejante motivo.
Permítame, monseñor, que le pida para mí la asistencia de sus oraciones y que le asegure que soy y seré siempre su muy humilde y obediente servidor,
VICENTE DEPAUL,
Indigno superior de la congregación de la Misión.







