Vicente de Paúl, Carta 1201: A Guillermo Delattre, Superior De Agen

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl .
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23 octubre 1649.

No creo que el mal sea tan grande en La Rose como dicen; es verdad que algo ha ocurrido en el espíritu del padre…, pero ya está libre de ello. A este propósito le diré, no tanto por éste como por los demás rumores, que me parece que hay algún mal espíritu que le da a usted consejos poco caritativos para crear cierta disensión en nuestras casas y entre nuestros hermanos. Si así es, padre, entréguese usted a Dios para no escucharle; sentirá usted un consuelo tan grande como el que yo tuve al prohibir en cierta ocasión a un criado que tenía antes de nacer la Compañía, que me dijera nada que pudiese causar daño a alguna persona, ya que había notado en él esta inclinación y me había querido dar malas impresiones de un hombre honrado con quien vivía; en adelante ya no se atrevió a venirme con cuentos. Siempre que pienso en ello, siento el corazón lleno de agradecimiento a Dios por esa gracia. Las murmuraciones perjudican muchas veces tanto a los que las escuchan como a los que las inventan, aunque no hagan más daño que inquietar el espíritu, como lo hacen, y dar motivos de tentación para hablar o escribir de ellas a otros.

Me parece que es el ahorro lo que les permite seguir viviendo. Sé que tienen ustedes poca renta, que las pensiones sólo les ayudan un poquito y que, como la escasez es grande este año, les será difícil salir adelante; pero también sé que, si usted supiese lo poco que podemos ayudarle, tendría usted compasión de nosotros y no pensaría ni mucho menos en pedirnos ayuda. Las pasadas guerras y la escasez presente de casi todo el reino impiden que nos paguen y que podamos incluso tener una pequeña provisión. Seguramente me sentiría más apurado que nunca, si Dios no me hubiese dado un poco de confianza y de sumisión a su providencia, al ver por una parte nuestra pobreza y por otra los enormes gastos que tenemos que realizar. Acomode los suyos a sus fuerzas y no emprenda nada más que lo que pueda hacer. Le digo esto a propósito de los pobres sacerdotes pasantes a los que podría usted sostener. La verdad es que sería estupendo si se pudiera hacer; pero debe usted más bien atender a sus necesidades. No creo conveniente pedirle permiso al señor obispo para ejercer esta hospitalidad; él aprobará de buena gana las propuestas que usted le haga por el bien de su seminario, pero no es muy partidario de ayudar a otras personas que no le corresponden; sin embargo, si usted cree que tiene que exponerle sus necesidades me remito a su prudencia.

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