Mi querida hermana:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Todos la esperan por aquí y la desean por allá; y usted sigue indiferente, como debe serlo una buena sierva de Dios y una buena hija de Santa María. Su monasterio de aquí la espera para la fundación de Compiegne; sus queridas hijas de Bayona creen que la necesitan e insisten para que se quede con ellas. Haga usted lo que delante de Dios crea que es lo mejor: venga o quédese.
La seguridad que tengo de que busca usted únicamente a Dios y su santa voluntad hace que yo mismo la acate, poniendo en manos de usted la decisión de lo que hay que hacer. Si viene usted, como sería deseable, le ruego que me avise, una vez recibida la presente, y que venga cuanto antes, a no ser que la detenga algo importante, para que se vayan disponiendo las cosas de la fundación. ¡Con cuánta cordialidad será usted recibida, si viene! Y si no viene, por no poder hacerlo, acataremos la voluntad de Dios, que conoceremos por la elección que usted haga.
¡Que Dios llene cada vez más su espíritu, mi querida hermana!
Soy en su amor su muy humilde servidor,
VICENTE DEPAUL
París, 3 septiembre 1648.







