16 agosto [1648]
La partida de sus misioneros me ofrece la ocasión de demostrarle mi gratitud y reconocimiento por haberse dignado con su gran caridad socorrer con sus sacerdotes misioneros al rebaño que Dios me ha confiado, tal como se ha llevado a cabo, no sólo en un tiempo muy indicado para nuestras necesidades, sino también en una ocasión sumamente necesaria. La verdad es que sus trabajos y cuidados han excitado a los pueblos a la devoción, que aumenta de día en día. Y aunque esos buenos sacerdotes han sufrido muchas molestias desde su llegada a este país, no han dejado por ello de entregarse continuamente a los trabajos de su Misión como obreros infatigables que, con la ayuda de la gracia, han extendido y aumentado gloriosamente el culto y la gloria de Dios.
Espero que este mismo Dios, que es bueno y omnipotente será él mismo su recompensa y la de ellos. Por mi parte, le pediré que le conserve a usted muchos años, ya que le ha escogido para bien y utilidad de su Iglesia.







