24 julio 1648.
Sus molestias me preocupan mucho, creo que le vendrá bien un cambio de aires; pero antes de volver a los de Francia, le ruego que ensaye los de la campiña romana por medio de las misiones que se van a hacer este invierno. Si este remedio no basta, le aseguro, padre, que le pediremos que vuelva y que así lo haremos sin temor a contradecir los designios de Dios sobre usted, mandándole venir para intentar todos los medios posibles para asegurar su salud.
En cuanto a la segunda razón que usted tiene para volver a Francia, créame, padre, que los calores del clima no contribuyen en nada a los movimientos deshonestos; la carne arrastra sus debilidades por todas partes. Si estuviera usted aquí, sentiría las mismas miserias que en Italia; es una dificultad que Dios permite en usted, como la permitió en san Pablo, y quizás por el mismo fin o al menos para darle ocasión de merecer.







