Túnez, 1648.
Entre los esclavos capturados por los corsarios y traídos a Túnez había dos muchachos, de unos quince años, uno francés y otro inglés; como las casas de sus amos estaban muy cerca, tenían oportunidad de verse con frecuencia; se amaban como hermanos. El inglés, convertido del luteranismo por el francés, fue instruido por el padre Juan Le Vacher. Abrazó tan fuertemente su nueva fe que, cuando vinieron unos mercaderes ingleses para rescatar esclavos de su nación y de su religión, les declaró que prefería la esclavitud a la apostasía.
Los dos amigos siguieron tratándose y animándose mutuamente en sus buenas disposiciones. Más de una vez sus amos, al ver que no podían arrastrarlos al mahometismo, los apalearon hasta hacerles caer desvanecidos en tierra.
Un día el inglés fue a casa del francés y lo encontró sollozando y medio muerto. Lo llamó. «Seré cristiano toda mi vida», decía el francés sin acabar de recobrar el conocimiento; su amigo se inclinó para besar sus pies ensangrentados; entretanto entraron los turcos y, al verlo en esa situación, le preguntaron qué es lo que hacía; les respondió: «Venero los miembros que acaban de sufrir por Jesucristo, mi Salvador y mi Dios». Los infieles llenos de furia lo echaron de allí cubriéndole de injurias.
Poco después, el francés encontró a su vez al inglés tendido sobre un chamizo, con el cuerpo molido a golpes; estaban cerca los turcos, y hasta su mismo amo. El francés se acercó: «¡A quién prefieres?, le preguntó a su amigo, ¿A Jesucristo o a Mahoma?» El inglés respondió: «A Jesucristo. Soy cristiano y quiero morir como tal». A estas palabras, los turcos se encolerizaron; uno de ellos, que estaba armado de dos cuchillos, amenazó con cortarle las orejas al francés. El muchacho tomó por sí mismo el cuchillo y sin vacilar se cortó una oreja. Para impedirle que fuera más lejos, tuvieron que desarmarle.
Desde entonces los turcos cesaron en sus intentos, pues juzgaron que de nada valdrían sus esfuerzos por hacerles apostatar.
Los dos jóvenes mártires murieron al año siguiente, atacados por una enfermedad contagiosa.







