Estuve ayer en la Magdalena. La madre se me negó por completo a recibir a esa criatura. Me falta escribir a la señora Traversay para pedirle que se encargue de meterla en la Piedad. Yo no puedo ir allá; tendremos aquí esta mañana la procesión de Nuestra Señora, que tengo que recibir, y me está además esperando una persona de importancia. Será conveniente que le escriba usted. Si es preciso, el padre Lamberto irá a buscarla inmediatamente después de comer, mientras que yo voy a Saint-Denis para ver allí a Elena-Angélica, enferma, y para una cosa que urge y que no puede esperar. Temo que no podré ir a ver a nuestras hermanas de la Caridad.
Se me ha ocurrido que podrían estar de acuerdo esa criatura y el joven, para darle más importancia al asunto. Quizá sea un juicio temerario, pero la pobre situación en que se encuentra me da que sospechar si no será ella la que le ha prometido al joven que lo haría rico en Inglaterra, y que llegado el momento de partir busca ahora una salida para librarse de él.







