Vicente de Paúl, Carta 1067: Carlos Nacquart A San Vicente

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

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Author: Vicente de Paúl .
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1 abril 1648.

Padre:

¡Su santa bendición, si le parece bien!

Al leer y releer su carta, me parece que sus palabras no eran de un hombre, sino del espíritu de Dios, que me comunicaban que era su voluntad servirse de mí en una vocación tan noble y tan alta, de la que realmente me considero muy indigno; ninguna repugnancia he sentido ante ella, sino solamente que me hubiera gustado estar bajo la dirección de otro y no ser yo el superior, pues me considero totalmente incapaz para ello, por carecer de virtud, de prudencia y de ciencia; esto es lo que me hace temer que podrá estropearse la obra de Dios e impedir mucho su gloria, que otros procurarían con mayor provecho, mientras que yo me sentiría más tranquilo de no tener que hacer otra cosa más que obedecer. ¡Cuánto me cuesta convencerme de que es a mí pobre Carlos Nacquart, a quien van dirigidos estos designios dé Dios! Sin embargo, ya que ocupa usted el lugar de mi padre en.la tierra, después del que tengo en el cielo, no me cabe duda alguna de ello. Que el padre Gondrée venga cuando le plazca; iré con él como un niño perdido, a ciegas, para descubrir si es ésa la tierra prometida. Y aunque he visto mi mano llena de lepra, confío en que Dios nos dará su vara omnipotente para realizar todo lo que él quiera. Pero, al menos, si no envía usted un superior, haga el favor de añadir un tercer compañero, para que ese triple cordón sea más fuerte e indisoluble. Me dirá que no puede darnos a nadie. No tiene más que poner unas letras al padre Maillard, de aquí, que también se lo pidió hace dos años con mucha insistencia, como usted recordará, y que ahora mismo está a mi lado, después de haberlo sospechado por algunas cosas que le oyó al padre Gautier, rogándome que le diga que todavía siente su corazón inclinado a ello, si a usted le parece bien. También yo creo que merece esta gracia, dada su virtud, su mansedumbre y las demás cualidades, con las que no formaríamos más que un solo corazón. Si dice usted que lo necesitan para procurador de Richelieu, la verdad es que lo tiene todo tan bien ordenado que cualquier otro podría sustituirle fácilmente; el hermano Vageot, que goza de poca salud para el estudio, podría hacerlo muy bien. Dénoslo como superior; seguramente que no siente ninguna vanidad por ello. Hay hombres que se emborrachan con un vaso de vino y que se ahogan en cuatro dedos de agua; el más pequeño humo de incienso es capaz de atontonarme; puedo decir también: qui datus est mihi stimulus carnis, al escuchar al otro sexo; todo esto me da a veces miedo de estar solo. Como usted dice, no costará más tres que dos; pero fiat voluntas Domini! Se trata sólo de hacerle este ruego, en el caso de que siga usted pensando como antes.

Habrá que escoger un lugar de residencia, desde donde, como desde el centro, vayamos alrededor por toda la isla a tener misiones como en este país, para volver luego? ¿Hay allí ciudades, parroquias, iglesias, otros sacerdotes, otras religiones de controversia? ¿Hay otros señores distintos de los franceses, a quienes haya que obedecer? ¿Cómo hay que realizar las funciones curiales? ¿Lo mismo que aquí? ¿Hay que observar por completo nuestras mismas ceremonias? ¿Hay libros de canto? ¿Celebraremos la misa todos los días en el barco? ¿Tendremos en todas partes materia de la consagración? Si no llevamos más que un oratorio, ¿qué hacer si nos dividimos? ¿Habrá algún obstáculo para nuestra religión en nuestras funciones y en nuestros hábitos sacerdotales? ¿Llevamos bonetes cuadrados y sobrepellices? ¿Podremos fundar cofradías de la Caridad y recibir ejercitantes? ¿Cómo ordenaremos el tiempo si no llevamos relojes? ¿Podría usted enviarnos el reglamento de la Misión con la última mano?Podremos admitir algunos compañeros de aquel país, o para ser sacerdotes e instruir a los demás? ¿Hay obispos? ¿Tendremos algunos coadjutores de aquí o de allí? Ya sabe usted que se había ofrecido el hermano J. Bance para ello. ¿Habrá que aceptar alguna fundación para nuestra subsistencia en particular y para edificar, sin tener que escribirle a usted? Las preguntas se van multiplicando.

Quizás haya más cosas que proponerle, por lo que le ruego que supla a todo dándome nuevos consejos, a no ser que ya haya hablado de todo con el padre Gondrée. Todavía tiene usted bastante tiempo para contestar a la presente, antes de que salgamos, en el primer correo, que esperaremos. ¿Tendremos incensario, incienso y una custodia para honrar a Nuestro Señor en el santísimo Sacramento del altar? ¿Lo llevaremos consagrado en el barco? ¿Hemos de intentar que hagan confesión general todos los del barco? ¿Tendremos lectura en la mesa por el camino y cuando lleguemos allá? ¿Tendremos libertad para seguir el horario de la jornada de un misionero, para tener conferencias entre nosotros y con los señores del barco si están dispuestos a ello, una vez en la isla con los niños y con los hombres? Si tuviésemos muchas indulgencias para conceder y misas privilegiadas, oraciones de 40 horas, etcétera, todo esto suscitaría la devoción.

Esperaré su respuesta para decirle adiós y hacer testamento, antes de morir moralmente para este país. Encomiéndenos expresamente a las oraciones de toda la Compañía, sin las cuales tendría menos confianza para esta empresa, en la que estos comerciantes que van allá por los beneficios temporales me servirán de estímulo o de confusión, si no hago por la gloria de Dios y la salvación de las almas tanto como ellos por su comercio, aunque tengo mucho miedo de perderme, conociendo mi debilidad y mi incapacidad para gobernar las almas. Que Nuestro Señor me tenga de su mano y me dé todo lo que usted me desea y le seguirá pidiendo en unión con otras buenas almas, cuya ayuda mendigo por medio de usted.

Soy en su amor, inviolablemente y con todo mi corazón, en el de su santa Madre y san José, mi venerado padre, su muy humilde y obediente servidor y querido hijo,

CARLOS NACQUART,

Indigno sacerdote de la Misión.

¿Podría escribir unas palabras a mi padre para pedirle su bendición y que mandase rezar a Dios por mí?

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