Guincamp, 1648.
Su carta nos ha encontrado a todos trabajando en nuestra misión, de la que espero muchas cosas. Uno de sus sacerdotes predica por la tarde admirablemente y con mucha devoción; otro dirige el catecismo principal a la una del mediodía, con admiración y afecto de pequeños y grandes; otro tiene el catecismo menor y mi magistral predica por la mañana en bretón vulgar; en fin, todos trabajan y ni siquiera yo he querido permanecer ocioso, pues predico dos veces por semana. Empezaremos todos a confesar mañana, con la ayuda de Dios. Las gentes de este país están muy extrañadas, pues no estaban acostumbradas a las misiones; todos exponen su opinión de forma distinta, pero con respeto. Espero que con la gracia de Dios todo irá bien.







