[Entre 1644 y 1649]
Acordarse de avisar a las damas que procuren en sus instrucciones no hablar mucho con los enfermos graves, aunque no hayan hecho la confesión general, sino decirles solamente que se confiesen de los pecados olvidados o que se hayan callado otras veces, con deseo de confesarse de todos los que hayan cometido contra Dios y contra el prójimo; si pueden, que les hagan pronunciar actos de fe, esperanza y caridad, que son necesarios para la salvación, y que ocupen la mayor parte del tiempo en disponer a los que van sanando para que formen resoluciones de vivir como buenos cristianos, enseñándoles qué es lo que tendrán que hacer para ello.
Este es, padre, el consejo que la madre de los Sacramentos le dio a la señorita Villenant. Pero acabo de recibir esta carta de la señorita de Lamoignon, que dice que la señorita de Saint-Mandé propone no decir nada de esto en la reunión general.
Querrá acordarse, padre, de hablarles del bien que se hace continuando una buena obra, emprendida por amor de Dios, como la de los niños expósitos, que perdurará no sólo mientras vivan, sino después de su muerte, y que por eso las personas que dejan algo en testamento tienen el mismo mérito, cuando lo hacen con perfecta caridad, que si durante su vida hubieran realizado esas obras, pues desearían realizarlas si pudieran, con tal que esto fuera verdad? Creo que esto podrá servir, al hacerles pensar en el peligro de que todo se venga abajo.
Querrá también indicarme dónde vive la señora presidenta du Sault, para que pueda mandarle una nota para la reunión de mañana? No se olvide, por favor.
Las damas se cansan a veces de ir a repartir la comida, aunque algunas son muy dignas de alabanza por poner en ello mucho cuidado.
Perdone, padre, a su muy humilde hija y servidora,
L. DE MARILLAC
Dirección: Al padre Vicente.







