Padre:
Una buena señora, animada por la señorita de Lamoignon y la disposición de la divina providencia, nos ha enviado cien escudos para los niños pobres. Dé gracias al Señor en mi nombre y permítame que le recuerde a usted el asunto de la hermana Juana Lepeintre.
Le suplico que, si lo juzga conveniente, nos deje las tres memorias que le hemos enviado para la reunión de las damas, no sea que se pierdan durante su ausencia.
Sigo con mis achaques y creo que Dios, con estos cambios tan frecuentes entre un poquito mejor y un poquito peor, desea que me sirva de ellos para darle a conocer a usted la inconstancia de mis pasiones, pues dependo de ellas hasta el punto que, por muy buenos propósitos que haga, no tengo libertad para sujetarlas a la razón, pues algunos días las domino un poco, pero luego se me escapan.
Le ruego muy humildemente que, si tiene en alguno de sus libros, alguna imagen que se parezca un poco a las de la Caridad, haga el favor de darme una, y le pido perdón por esta libertad que me tomo. Es que no puedo encontrar ninguna como la que busco, y espero que eso me ayudaría mucho, junto con las oraciones de usted, de quien soy, mi veneradísimo padre, muy obediente servidora e indigna hija.
Haga el favor de darme la bendición de Dios y la suya en la santa misa.
Dirección: Al padre Vicente.







