2 octubre 1647.
Monseñor: Recibí con gran alegría, como siempre, el honor que me ha hecho de comunicarme su avenencia con los señores capitulares, y ruego a Nuestro Señor que cimiente esa unión y aquella con la que él está y estará eternamente unido a su Padre, suplicándole además que haga lo mismo en lo que se refiere al señor de Poyanne.
El beneficio de Orthez sigue lo mismo, aunque hable de él en el último consejo, Nuestro Señor dispondrá de él como le plazca. El señor de Vignoles, de Béarn, y sus amigos lo piden para un sobrino suyo; otro bearnés, secretario del príncipe Casimiro, cardenal de Polonia, lo pide también con mucha insistencia, y gozan del favor de aquel que lo puede todo.
El afecto que usted me demuestra al pedirme una fundación de la Misión en su diócesis en casi todas sus cartas, me ha hecho pensar más seriamente en ello desde su última, que recibí durante mi retiro, en el que todavía me encuentro; por eso le propongo, monseñor, que me diga si podría servir para esta fundación un pequeño priorato simple que tenemos a dos leguas de Orléans, si es que el señor párroco de Poy o algún otro quiere permutarlo y se llega a un arreglo. Consiste en una finca, con dos arrendatarios, de los que cada uno tiene dos carretas de labor con unas cuatrocientas [arpentas] de tierra, formando una sola finca. El servicio que le podríamos prestar sería tener misiones desde Todos los Santos hasta Pascua, en las parroquias de la diócesis adonde usted los envíe, [y] los ordenandos; y si usted dispone que ninguno sea recibido en las órdenes sagradas sin pasar al menos seis meses en nuestro seminario, dentro de quince años tendrá usted el consuelo de ver cambiado a su clero, si Nuestro Señor quiere dar su bendición a su obra, sin tener en cuenta la ruindad de los obreros. Así lo ha hecho el señor obispo de Cahors, sin que le cueste nada. Cada eclesiástico paga su pensión según la tasa ordenada por el obispo; pagan sólo cien libras o cuarenta escudos anuales. No hay provincia de Francia en donde se viva más barato que allí, pues es necesario consumir allí todos los víveres por la falta de transportes. Lo que podrá costar más son los edificios y el mobiliario, si es que no hay bastante en Bourglosse o donde lo quiera usted fundar. En cuanto al mantenimiento de los misioneros, me parece que no pasa de 1.600 a 1.800 libras. Me han dicho que la parroquia de Poy vale 1.000 libras. El resto quizá pueda pagarse con las misas que se digan en Burglosse.
Esto es lo que pienso, monseñor, sobre este asunto, que le propongo a la buena de Dios, ya que me ha ordenado usted que piense en ello.
Acabo de acordarme de que el señor Sanguinet, párroco vecino a Tartas, me ha dicho que está pensando en venir a vivir a París; si la parroquia es como la de Poy y pertenece a su diócesis, quizás se pudiera tratar con él. Lo digo esto por si acaso, monseñor, pues no tiene usted a nadie en la tierra a quien Dios le haya dado tanta estima y afecto por usted como a mí, que soy en su amor…







